miércoles, 10 de junio de 2015

Microuniversos



Ana se encontraba sentada en un pequeño puente, mirando el atardecer, dejándose abrazar por la brisa y escuchando el murmullo de los hilos del río que corrían debajo. Una tarde melancólica todos los días a las 7:29 p.m. En lo profundo de su ser un agujero de gusano se había formado devorando su corazón.

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