miércoles, 10 de junio de 2015
Semilla astral
Cada una de las madrugadas, posterior a la muerte de su hermano mayor, Santiago iba al lugar favorito de ambos, a una cerro lejano donde miraban el campo con la frescura de la noche. Ahí en soledad con el corazón hinchado y los ojos palpitantes deseoso de regresarlo a la vida, contempló la caída de un meteorito a sus pies.
Ignoto del ser cósmico le hizo un lugar junto él debajo de la roja tierra. A los días un árbol frondoso y esbelto abría sus flores nocturnas cuyo destello iluminaban con cálida aura.
Santiago sabía que aquel sentimiento que lo invadía no sería para siempre, así como lo fue el de la tristeza.
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